Geriatrico San Roman
AtrásEl Geriátrico San Roman, situado en la calle Teodoro García 2458, en el barrio de Colegiales, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, se presenta como una opción para el cuidado de adultos mayores con una trayectoria y una reputación marcadamente dual. Las experiencias de las familias que han confiado en sus servicios dibujan un panorama de extremos, donde conviven relatos de profundo agradecimiento con denuncias de una gravedad excepcional. Analizar esta institución requiere sopesar cuidadosamente ambas caras de la moneda.
Desde una perspectiva arquitectónica y ambiental, la institución ofrece una propuesta atractiva. Descrito como una casa amplia de techos altos y grandes ventanales, el lugar promete buena iluminación y ventilación. Dispone de habitaciones que van desde individuales hasta cuádruples, algunas con baño privado, y cuenta con un patio con espacios verdes, un detalle no menor para la calidad de vida de los residentes. Algunas familias han encontrado aquí un verdadero hogar, describiendo el ambiente como familiar y acogedor. Estas opiniones positivas suelen centrarse en la calidad humana de parte del personal.
Una atención que algunos califican de "amorosa y profesional"
Existen testimonios que destacan el trato recibido, calificándolo de "amoroso, profesional y extremadamente humano". Una de las reseñas más favorables expresa un "eterno agradecimiento" hacia el equipo, llegando a nombrar a varios de sus miembros, lo que sugiere la creación de lazos personales y un cuidado atento. En estos casos, la percepción es la de una residencia para mayores que cumple con su promesa de velar por el bienestar de los ancianos en la etapa final de sus vidas. Otro comentario positivo resalta que el lugar es "hogareño y grande", y que los residentes están bien atendidos por personal con "muy buena onda". Estos relatos son un punto a favor para quienes buscan un entorno cálido en la atención a la tercera edad.
Señales de alerta: de la desatención a la restricción
Sin embargo, un conjunto de críticas recurrentes y serias apunta a deficiencias significativas en el servicio. Una de las quejas más comunes se refiere a la lentitud en la atención a las necesidades básicas de los residentes. Un familiar relata cómo su madre debía solicitar ayuda "a gritos" por dolores o para ir al baño, y la respuesta del personal tardaba en llegar. Este tipo de situaciones indica una posible falta de personal o una deficiente organización del trabajo, impactando directamente en la dignidad y el confort de los residentes. Este es un punto crítico a considerar al evaluar cualquier hogar de ancianos.
A esta aparente desatención se suman políticas que algunas familias han percibido como restrictivas. Un testimonio detalla la frustración de no poder participar en la alimentación de su familiar durante tres meses y recibir protestas por parte del personal al sacarla a tomar un café. La crítica sugiere un ambiente donde los residentes permanecen encerrados y sentados gran parte del día, lo que plantea interrogantes sobre la estimulación, la autonomía y el respeto a los derechos de los ancianos dentro de la institución.
Historial de seguridad: Acusaciones graves y antecedentes judiciales
Más allá de la calidad del trato diario, el aspecto más preocupante que emerge del análisis de Geriátrico San Roman es su historial en materia de seguridad. Una denuncia de una familia relata un evento trágico ocurrido en marzo de 2022, donde una residente habría fallecido cuatro días después de caer por una escalera cuyo acceso, según la denuncia, no estaba debidamente asegurado. La familia afirma no haber recibido disculpas ni respuesta a sus requerimientos legales.
Esta acusación se vuelve aún más alarmante al conectarse con un caso judicial anterior. La misma denunciante hace referencia a un hecho ocurrido en enero de 2014 en la misma residencia geriátrica. Investigaciones periodísticas confirman que en esa fecha, un hombre de 89 años falleció tras caer desde la terraza del edificio. A raíz de este suceso, el fiscal Sandro Abraldes solicitó la elevación a juicio oral de la causa, acusando al director médico, a la encargada y a una empleada por "homicidio imprudente". La fiscalía argumentó que "la ausencia de todo control por parte del personal del lugar de los ancianos alojados fue tal que permitió a un anciano acceder libremente a un lugar que representaba un peligro certero para su vida". Este antecedente judicial documentado constituye una bandera roja ineludible y plantea serias dudas sobre la seguridad en residencias geriátricas como esta.
Una decisión que exige máxima cautela
La elección de un geriátrico es una de las decisiones más delicadas que una familia puede tomar. En el caso de San Roman, la información disponible es profundamente contradictoria. Por un lado, hay quienes han encontrado un espacio de cuidado y afecto. Por otro, existen graves denuncias de negligencia y un antecedente judicial por la muerte de un residente en circunstancias que apuntan a fallos de seguridad. La polarización de las opiniones sugiere una posible inconsistencia en la calidad del servicio ofrecido.
Para las familias que consideren esta institución, es imperativo realizar una investigación exhaustiva. Se recomienda visitar el lugar sin previo aviso y en diferentes horarios, observar la interacción del personal con los residentes, solicitar información detallada sobre los protocolos de seguridad (especialmente en accesos a escaleras y terrazas), y preguntar sobre las políticas de participación familiar y salidas. La existencia de denuncias por negligencia en geriátricos y, sobre todo, un caso judicial por homicidio imprudente, obliga a proceder con la máxima precaución.