Instituto Geriátrico San Marino
AtrásEl Instituto Geriátrico San Marino, ubicado en Emilio Lamarca 4851 en el barrio de Villa Devoto, es una institución que ha cesado sus operaciones de forma permanente. A lo largo de su trayectoria, generó percepciones y experiencias marcadamente opuestas entre las familias que confiaron en sus servicios, dejando un legado complejo que merece un análisis detallado. Para quienes buscan entender qué representó este centro, es fundamental conocer tanto los testimonios que lo enaltecían como aquellos que señalaban graves deficiencias en el cuidado de ancianos.
Una Visión de Calidad y Humanidad en la Atención Geriátrica
Desde una perspectiva, el Instituto Geriátrico San Marino era considerado por muchos como un referente de calidez y profesionalismo. Varios testimonios de familiares destacan la excepcional calidad humana de todo el personal, desde los directivos hasta el equipo de enfermería. En particular, se resalta el trato amoroso y dedicado brindado a los residentes, un factor crucial al elegir residencias para adultos mayores. Familias que atravesaron la difícil etapa de los cuidados paliativos en geriátricos encontraron en San Marino un espacio de contención, donde sus seres queridos pudieron transitar sus últimos días con dignidad, respeto y en un ambiente de paz. Estas experiencias subrayan la importancia que la institución parecía dar al aspecto humano, un valor que no siempre se encuentra en este tipo de establecimientos.
El equipo profesional también era un punto fuerte según estas opiniones. Se mencionaba la presencia de un grupo multidisciplinario compuesto por médicos, kinesiólogo, nutricionista, psicóloga, asistente social y terapista ocupacional. Esta estructura sugiere un enfoque integral en la atención médica para la tercera edad, abordando no solo las necesidades físicas sino también las emocionales y sociales de los residentes. Además, la institución fue elogiada por su manejo durante la pandemia de COVID-19, manteniendo una comunicación fluida y constante con las familias, lo que transmitía seguridad y confianza en momentos de gran incertidumbre. La limpieza y el orden de las instalaciones también eran aspectos consistentemente valorados, contribuyendo a la percepción de un hogar de ancianos bien gestionado y seguro.
Los Servicios Ofrecidos por el Instituto
Basado en los testimonios positivos, el instituto se proyectaba como un centro completo, capaz de ofrecer más que un simple alojamiento. Los servicios que se destacaban incluían:
- Atención médica personalizada: Seguimiento constante por parte de profesionales de la salud.
- Rehabilitación geriátrica: Programas diseñados para mantener o mejorar la movilidad y autonomía de los residentes, con la intervención de kinesiólogos.
- Soporte psico-social: Acompañamiento por parte de psicólogos y asistentes sociales para el bienestar emocional tanto de los residentes como de sus familias.
- Cuidado nutricional: Planes de alimentación supervisados por nutricionistas para satisfacer las necesidades específicas de la tercera edad.
La Otra Cara de la Moneda: Críticas Severas a la Operativa Diaria
En un contraste absoluto, existen testimonios que pintan un cuadro completamente diferente del Instituto Geriátrico San Marino. Una de las críticas más contundentes apunta a una alarmante falta de estimulación y actividades para los residentes. Se describe una rutina monótona y pasiva, donde los adultos mayores pasaban sus días sin incentivos, moviéndose únicamente "de la cama a la mesa y de la mesa a la cama". Esta falta de actividad es un punto crítico en la evaluación de cualquier geriátrico, ya que la estimulación cognitiva y física es fundamental para la calidad de vida en la vejez.
Las críticas se extienden al equipo de profesionales. Se alega que especialistas como la psicóloga o el kinesiólogo solo intervenían o se hacían presentes cuando un familiar estaba de visita, lo que sugiere una atención más superficial que real. Esta percepción de "actuación" para los familiares es una denuncia grave que pone en duda la integridad del programa de rehabilitación geriátrica y apoyo emocional que se promocionaba. Asimismo, se reportó una aparente falta de evaluación médica inicial y de seguimiento, así como una desorganización en aspectos básicos como el manejo de la ropa personal, que terminaba siendo usada indistintamente por diferentes residentes.
Finalmente, se mencionan problemas relacionados con la gestión del día a día, como la falta de un plan de comidas claro y comunicado a las familias, y un ambiente poco enriquecedor, dominado por un televisor a un volumen excesivo. La sensación de que había demasiados residentes para el personal disponible es otra de las quejas recurrentes, lo que podría explicar muchas de las deficiencias mencionadas. Estas críticas configuran la imagen de un lugar que, para algunos, no cumplía con los estándares mínimos para ser considerado un hogar de ancianos digno y adecuado.
Sobre un Legado Dividido
El Instituto Geriátrico San Marino ya no es una opción disponible, dado su cierre permanente. Sin embargo, su historia ofrece una lección valiosa para las familias que buscan residencias para adultos mayores. La enorme discrepancia entre las opiniones refleja cómo la experiencia en un mismo lugar puede variar drásticamente. Mientras algunos lo recuerdan como un centro ejemplar en el cuidado de ancianos, destacando su humanidad y profesionalismo, otros lo vivieron como una experiencia decepcionante y negligente. Esta dualidad subraya la importancia de una investigación exhaustiva, de realizar visitas frecuentes y sin previo aviso, y de hablar con múltiples familias antes de tomar una decisión tan trascendental para el bienestar de un ser querido. El caso de San Marino es un recordatorio de que la excelencia en la atención geriátrica reside en la consistencia y el compromiso genuino con cada uno de los residentes, más allá de las apariencias.