Propiedad del Hogar Israelita
AtrásUbicada en la calle Baldomero Fernández Moreno al 2893-2999, en la localidad de Burzaco, la "Propiedad del Hogar Israelita" representa un capítulo cerrado pero fundamental en la historia del cuidado de personas mayores en la zona sur de la Provincia de Buenos Aires. Aunque hoy el cartel de "Cerrado Permanentemente" marca el fin de su actividad, este lugar fue durante décadas un pilar para la comunidad judía, ofreciendo mucho más que un simple techo a sus residentes.
Fundado en 1946 sobre un predio de 18 hectáreas donado por el filántropo José Iturrat, el lugar nació con una misión dual bajo el nombre de "Asilo de Niños Huérfanos y Ancianos Desposeídos". Sus primeros habitantes fueron niños y ancianos de la comunidad judía, muchos de ellos sobrevivientes del Holocausto que llegaban a Argentina en busca de un nuevo comienzo. Esta institución se convirtió en un refugio vital, un espacio donde se intentaba reconstruir vidas fracturadas por la guerra. La reseña de un antiguo residente, que recuerda su estancia en el lugar entre 1966 y 1968, es un testimonio de la larga trayectoria de este hogar y del impacto que tuvo en varias generaciones.
Una Institución Modelo en Atención Geriátrica
Durante su apogeo, el Hogar Israelita de Burzaco fue una institución modelo. Contaba con una infraestructura impresionante que incluía pabellones residenciales, dos templos, una enfermería bien equipada y hasta una escuela. Para los jóvenes, se ofrecía educación formal y religiosa, mientras que los ancianos recibían un cuidado integral en un entorno que respetaba y promovía sus tradiciones. Este enfoque en la atención geriátrica con sensibilidad cultural era uno de sus mayores atributos. Proporcionaba no solo asistencia médica y de enfermería, sino también un fuerte sentido de pertenencia y comunidad, algo crucial para el bienestar en la tercera edad.
Los testimonios de quienes lo conocieron destacan la calidad del cuidado y la camaradería que se fomentaba. La vida en el hogar permitía a los residentes mantener sus prácticas religiosas y culturales, un aspecto fundamental que no siempre se encuentra en las residencias para la tercera edad convencionales. Este entorno culturalmente enriquecido fue, sin duda, el mayor punto a favor de la institución durante su largo funcionamiento.
El Proceso de Transformación y Cierre
El principal aspecto negativo, desde la perspectiva local, es su cierre definitivo. El último residente dejó el Hogar de Burzaco en 2008. Sin embargo, es crucial entender que este cierre no fue producto de una falla o decadencia, sino de una evolución estratégica. La comunidad decidió centralizar y modernizar sus servicios, lo que llevó a la creación del nuevo y avanzado Hogar LeDor VaDor en la Ciudad de Buenos Aires. Los residentes del predio de Burzaco fueron trasladados a esta nueva institución, diseñada para ofrecer un estándar aún más alto en vida asistida y cuidados especializados.
Esta transición, si bien beneficiosa para los residentes que accedieron a instalaciones de vanguardia, significó la pérdida de un lugar emblemático para Burzaco. La decisión de unificar operaciones en un nuevo centro buscaba optimizar recursos y mejorar la calidad de vida de los adultos mayores, siguiendo un modelo de atención centrado en la persona con un enfoque interdisciplinario.
El Presente del Predio: Un Legado en el Olvido
Tras el cese de actividades, el destino del predio de 18 hectáreas ha sido lamentable. A pesar de su rica historia, la propiedad quedó en un estado de abandono, sufriendo vandalismo y saqueos. Con el tiempo, parte de sus instalaciones fueron utilizadas como depósito judicial para vehículos secuestrados, una imagen desoladora que contrasta fuertemente con su pasado como un centro de vida y esperanza. Los vecinos de la zona han expresado su preocupación por el estado del lugar, que pasó de ser un orgullo comunitario a un foco de problemas.
la Propiedad del Hogar Israelita de Burzaco ya no es una opción para quienes buscan un geriátrico. Su historia, sin embargo, ofrece una valiosa perspectiva sobre la evolución de los servicios para la tercera edad. Fue un refugio con una profunda misión social que brindó un servicio excepcional durante más de 60 años. Su cierre fue el resultado de una visión a futuro que priorizó la modernización del cuidado a través del proyecto LeDor VaDor, pero dejó atrás un espacio físico cuyo legado histórico merece ser recordado y respetado, a pesar de su triste presente.